lunes, 21 de agosto de 2006

Un recinto de gran valor artístico

Por INRI_GADITANO a las 7:23 | Arte Cofrade
La Sala de las Custodias es una de las más importantes de este museo gaditano

La Catedral de Cádiz cuenta con un museo en el que se expone la mayoría de enseres y objetos litúrgicos que posee dicho templo, formando parte de un gran patrimonio histórico-artístico. El museo se encuentra ubicado en la Casa de la Contaduría, edificio que está asentado sobre la cávea del Teatro Romano. Se distribuyen en salas dignas de contemplar. La primera se denomina del Asalto y en ella se encuentra una maravillosa pintura y exvoto del Asalto a Cádiz por los anglo-holandeses en 1596, realizada pocos años después del terrible suceso. Cabe destacar una Cruz de Tablas hecha con trozos de madera quemada procedente de la Catedral Vieja, con una lápida que recuerda que ante ella se celebró la primera misa de acción de gracias, una vez que quemó y abandonó la ciudad el enemigo.
La segunda sala se conoce como la de las Tablas, ya que en ella los visitantes pueden encontrar tablas hispano-flamencas con imágenes como El Prendimiento o La Coronación de Espinas, ambas del siglo XVI y relieves manieristas como La Asunción y La Adoración de los pastores. Este espacio artístico cuenta también con un óleo sobre madera chapada en ébano del crucificado del Viernes Santo y Santa María Magdalena perteneciente a la escuela sevillana del XVII.
Una de la salas más acogedoras es la de los Marfiles, en la que se encuentran los patronos San Servando y San Germán, popularmente llamados Los Chinos, de factura y arte hispano-filipino, de tamaño natural, La Inmaculada de estilo neoclásico italiano del siglo XVIII, el Cristo expirante, del arzobispo Vera, en marfil y cruz de ébano, la pequeña figura de origen lusoindio del Buen Pastor, crucificados de escuelas sevillana, filipina y flamenca del siglo XVII y una pequeña terracota policromada de los hermanos García de Granada.
La cuarta sala con la que cuenta este recinto es la de los Diezmos, en la que se puede contemplar la maqueta del monumento de Semana Santa de Torcuato Cayón, tablas de los diezmos en la que aparecen las cuentas que cada municipio tenía que rendir a la Iglesia y balanza y pesas de la Cerería del Cabildo. En torno al claustro alto cuelgan también las pinturas de mayor tamaño, como la Muerte de Abel del siglo XVII de la escuela de Ribera, y La Encarnación con los cuatro profetas, círculo de Pablo Legot del primer tercio del siglo XVII.
La siguiente sala se denomina de los Ternos, debido a que frente a una bella escultura marmórea genovesa de San Cristóbal se pueden ver los ternos más antiguos y ricos como la capa pluvial, el terno de San Pedro, el terno de los Patronos y el terno de las Flores para el Corpus.
Otra de la salas con las que cuenta este museo catedralicio es la de La Inmaculada de la Contratación, ya que posee la Inmaculada de la Casa de la Contratación de Cádiz del siglo XVIII y de Miguel Alonso Tovar, La Inmaculada Concepción genovesa en mármol del siglo XVIII, la imposición a la Casulla de San Ildefonso de 1847 y una serie de pinturas del siglo XVII.
La sala de las Custodias es una de las más importantes de este museo gaditano; en ella se encuentra la custodia del Cogollo de finales del siglo XV, de estilo gótico florido y atribuida a Enrique de Arfe, la custodia del Millón, de sol, reclamada con piedras preciosas y perlas, obra del madrileño Pedro Vicente Gómez de Ceballos y la custodia de Ana de Villa del siglo XIX, neogótica y adornada con pedrería realizada por el gaditano Manuel Ramírez. Se expone también a los visitantes, el cáliz gótico, la Cruz de los Juramentos de estilo gótico y plateresco, la cruz procesional de estilo plateresco y obra de Juan de Arfe, la bandeja de ágatas posiblemente renacentista y de origen italiano, los dos armarios barrocos que guardaban las dos custodias más ricas que actualmente se encuentran abiertos muestran su decoración interior de azulejos de Delf con historias bíblicas y escenas populares y el relicario de la Sacra Espina y el del Lignum Crucis.
Una de las salas más dignas de contemplar es la de la Plata, ya que muestra un conjunto de orfebrería y platería de estilo barroco y neoclásico, tanto de uso litúrgico como profano, la custodia de sol en plata sobredorada, el ostentoso relicario con una reliquia del beato Diego de Cádiz y relicarios con huesos de los santos mártires tebanos, entre otros.
La última sala que ofrece es la de los Libros Cantorales, de los que tres ejemplares se encuentran expuestos en vitrinas. Una vez finalizado el recorrido se baja por una escalera cubierta con una cúpula barroca y en el descansillo se observa la pintura de La Inmaculada Grande, de la primera mitad del siglo XVIII.


La Catedral de Cádiz o de las Américas


La Catedral de Cádiz es una magnífica muestra de los cambios de estilo dados a lo largo de los 116 años de su construcción. Comenzaba en estilo barroco su planta y el interior hasta el friso rococó, pero fue terminada en neoclásico en sus fachadas, torres, cúpulas, en el segundo cuerpo del interior, en la mayoría de retablos y en el altar mayor. Sus capillas cuentan con un gran número de obras de arte procedentes de la Catedral Vieja y de conventos desamortizados.
Con el traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz, en 1717 se produce un gran desarrollo económico por lo que el Cabildo deseaba construir una Catedral acorde con el esplendor de la ciudad, ya que la existente, mandada a construir por Alfonso X, fue iniciada en 1596 y se encontraba en muy mal estado debido a las reconstrucciones que había sufrido.
Las obras dieron comienzo en 1722, según el proyecto del arquitecto Vicente Acero. Éste dimite y en 1739 se hace cargo de las obras Gaspar Cayón, pasando en 1757 a su sobrino Torcuato Cayón. Tras la muerte de éste en 1783, le sucede Miguel Olivares hasta 1790, fecha en las que la dirige Manuel Machuca. Finalmente, de 1832 hasta 1838 en que se dan por finalizadas, las dirige Juan Daura.
El interior es de planta de cruz latina, con tres naves separadas mediante columnas corintias estriadas que sostienen un friso con decoración de rocallas y una compleja y movida cornisa, todo este cuerpo está cubierto de mármoles. El segundo está dentro del orden clásico, de pilastras adosadas. Las cubiertas son bóvedas vaidas y el crucero tiene una cúpula semiesférica sobre tambor, obra de Juan Daura.

Fuente: Publicaciones del Sur

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