lunes, 04 de septiembre de 2006
Por INRI_GADITANO a las 7:14 | Iglesia
La posible cesión de San Juan de los Caballeros a la Gerencia de Urbanismo abre un nuevo interrogante sobre uno de los edificios más antiguos de la ciudad
Poco podían imaginar aquellos nobles caballeros que se encerraron en una vetusta capilla de bóveda estrellada del centro de la ciudad, que aquel acto daría nombre a una de las iglesias más importantes del patrimonio jerezano. Cuando, en 1285, Jerez se encontraba sitiada por las huestes del sultán de Marruecos Aben Yusuf, 24 caballeros se encerraron para pedir auxilio al Rey Sancho IV y no permitir de ese modo que la ciudad acabase en manos de los moros. Para evitarlo, juraron con su sangre la carta que dirigieron al Rey.
Posiblemente, todo forme parte de la leyenda que de alguna manera embellezca la más que posible realidad, ya que la actual iglesia de San Juan era el lugar habitual donde se reunían los caballeros que pertenecían a las órdenes militares de la comarca. Un lugar de reunión al fin y al cabo, algo parecido al uso que se le quiere otorgar en la actualidad.
Pero que San Juan de los Caballeros es una iglesia marcada por la historia, es algo que nadie puede negar. En la década de los sesenta pasó a manos de la Vicaría General Castrense para que sirviera como sede de reunión y culto de los militares de la zona.
Cuando en 1973 llegó la Vera-Cruz a la iglesia, ya recibían culto allí las hermandades del Cristo del Amor, la del Inmaculado Corazón de María y la de Nuestra Señora del Rosario, patrona de Capataces y Costaleros. La licencia para el traslado de la cofradía a San Juan la firmó el actual Vicario Judicial de la Diócesis, monseñor don Ángel Romero Castellanos, el 9 de diciembre de 1972, pero el traslado definitivo de la hermandad a la que sería su residencia canónica tuvo lugar el 2 de junio de 1973.
Icono religioso
De estilo mudéjar, y con su torre de corte manierista, San Juan de los Caballeros ha sido siempre uno de los iconos religiosos de la ciudad por su importancia artística. Pero la llegada de la hermandad de la Vera-Cruz provocaría, directa o indirectamente, cambios sustanciales en la que fue sede de los nobles y militares de la ciudad.
Apenas un año después de llegar a su nueva casa, la Hermandad, que por aquel entonces presidía don Alejando Muñoz como hermano mayor, solicitó hacer obras en la puerta principal de la iglesia para adaptarla a la salida de los pasos. Cualquier remodelación de una iglesia por la que el Gótico, el Barroco y el Renacimiento ha dejado sus huellas, debía ponerse en manos de un experto, y se contrató para ello al que posteriormente fue hermano mayor de la cofradía, el arquitecto Juan Torreira Vaca, que garantizó que las obras estarían concluidas para la salida procesional de 1975. El completo proyecto comprendía actuaciones en el vano de la puerta, eliminación del coro alto que taponaba la salida y restauración y eliminación de una grieta que corría por toda la torre de estilo renacentista.
Accidente
Pero como ya hemos dicho, las modificaciones también fueron involuntarias, y marcarían el destino de todas las hermandades que tenían su sede canónica en San Juan. El 10 de mayo de 1981, un rayo cayó en la torre de la iglesia y penetró en la sala donde guardaban sus enseres la hermandad del Cristo del Amor. Todas las hermandades tuvieron que emigrar, unas a capilla propia, como la hermandad del Martes Santo, todo un ejemplo de superación ya que en la actualidad poseen uno de los mejores misterios de la ciudad y un cuidado cortejo que ya no puede salir de las dependencias de su pequeña capilla.
Otras, como la hermandad de la Vera-Cruz, se fueron a sedes provisionales. La cofradía del Jueves Santo recuperó por unos años su pasado marianista, ya que estos religiosos les cedieron la capilla del antiguo colegio de la calle Porvera. Desde entonces, y pese a que algunas grietas han vuelto a aparecer, la cofradía del Jueves Santo es la única hermandad que reside en San Juan de los Caballeros, aunque han acogido cultos de otras corporaciones cuando sus iglesias han estado cerradas, como es el caso de los Judíos de San Mateo.
Toda una historia alrededor de un templo que en sí mismo es historia de la ciudad. Leyendas, certezas, desastres, alma y corazón en torno a una sede que podría cambiar en breve de dueño y pasar a ser parte del patrimonio municipal, en favor de la construcción de nuevas parroquias en las afueras y de futuras restauraciones de templos que están en la actualidad derrumbándose.
FUENTE: LA VOZ DE CADIZ
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