miércoles, 04 de abril de 2007
Por INRI_GADITANO a las 10:29 | Noticias de la Provincia
La devoción mariana alcanzó ayer su cúlmen con el discurrir procesional de la Virgen de la Caridad por las calles del centro. Con los primeros pasos de los cargadores de la cuadrilla de Jóvenes Cargadores Cofrades (JCC) por la calle Real aparecieron algunas gotas de lluvia. El preámbulo de una jornada caracterizada, con más razón que nunca, por la incertidumbre y las dudas.
PRIMEROS MOMENTOS
La hermandad de Caridad, si bien, fue la menos preocupada por la climatología. El motivo, que su recorrido, al menos en su primera mitad, se desarrolle por el casco antiguo de la ciudad sin alejarse demasiado de su sede canónica, la Iglesia Vaticana y Castrense de San Francisco de Asís. Aún así, el mayor peligro lo entrañaba su paso por las tradicionales Siete Revueltas y Comedias, donde más devotos cuenta esta imagen y más esperan su llegada.
Al riesgo normal había que unir también la circunstancia de los numerosos niños que suelen acompañar a esta hermandad a lo largo de su salida del Martes Santo. De ahí que numerosos padres, más aún que de costumbre, formaran su cortejo paralelo que permaneció buena parte de la tarde pendiente del cielo y de los ineludibles pronósticos.
Pero, al abrirse las puertas de San Francisco, todo era aún resplandor. Poco duró. En cuestión de minutos la tarde se fue cerrando más y más y las cofradías, incluida Caridad, hablaron y mucho de cómo afrontar los planes alternativos de cara a posibles chubascos. Lo que al cierre de esta edición se había descartado ya pese a que persistía la alerta.
UNA COFRADÍA SEÑERA
Entretanto Caridad disfrutaba más que nunca de su paso por Real y enfilaba la Plaza del Rey, tras eludir la Carrera Oficial, mientras sonaban las marchas que suelen componer su clásico repertorio musical, tocado por la Banda Municipal.
Dicho clasicismo, de hecho, impera en todo el cortejo procesional, desde la cruz de guía hasta la banda de música. Una veteranía que ayer se convirtió en un grado que los hermanos demostraron en el temple con que hicieron frente a un día bastante complicado.
Sobre su habitual monte de claveles rojos, la estampa de la Virgen con su Hijo muerto en brazos seguía sobrecogiendo a su paso. No en vano se trata de una de las iconografías más bellas de la Pasión pero también más emotivas. El único estreno, el de los faroles que ya fueron presentados en un cabildo general ordinario de hermanos, no pudieron contemplarse en la calle. Aguardan a que esté listo el nuevo paso.
FUENTE: DIARIO DE CADIZ
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