viernes, 06 de abril de 2007
Por Desconocido a las 1:37 | Cofradias de Penitencia
La cofradía de los estudiantes volvió a presentarse majestuosa por las calles de la ciudad
La Semana Santa llegó a su meridiano en una tarde de Miércoles Santo, donde la meteorología, respetó los desfiles procesionales. El día de los grandes misterios, tiene en la Cofradía de la Sentencia su máximo exponente.
Eran las cinco de la tarde, cuando numerosos hermanos de la corporación se aglutinaban en torno a la puerta lateral de la parroquia de la Merced. En el interior, la tensión aumentaba conforme se acercaba la hora de salida prevista para las seis de la tarde. La junta de gobierno, respetó el horario establecido, no adelantando la salida procesional en quince minutos, a pesar de las noticias que desde el Consejo se transmitían al respecto.
Testigo mudo de todo lo que acontecía, era el misterio de las Siete Palabras, cuya junta de gobierno realizó una ofrenda floral a la Señora del Buen Fin. Mientras tanto los cargadores de ambos pasos, encomendaban sus oraciones a las Sagradas Imágenes, para que la estación de penitencia discurriera sin ningún contratiempo.
La salida
El fiscal, Enrique Láinez, tomaba la palabra desde el atril organizando el cortejo, un nutrido grupo de hermanos de fila, antecedían a las distintas representaciones del Nazareno, Siete Palabras y el Ayuntamiento. A las seis de la tarde, las puertas de la iglesia se abrían, mientras que la cruz de guía comenzaba a discurrir hacia la plaza de las Canastas, acompañada en todo momento por un público expectante un año más, por ver al Señor de la Merced.
La primera levantá la realizó Francisco, veterano hermano de dicha hermandad. La emoción era patente en su rostro.
Lentamente el impresionante misterio se acercaba al dintel de la puerta de la parroquia para realizar una dificultosa salida.
A las seis y cuarto de la tarde, y a la voz del capataz Francisco Gallardo, comenzaba a salir el misterio, que en los brazos de los cargadores y sobre los pies, llevaba a cabo satisfactoriamente la maniobra. Ya en el exterior, los cargadores provistos de guantes colocaban los cuatro zancos y los respiraderos laterales del paso para no dañar el dorado del mismo. Anteriormente habían sido retirados debido a la estrechez de la puerta y para facilitar el trabajo a los cargadores. Seguidamente un hermano colocaba el águila imperial de Roma sobre las tres columnas del trono del cónsul Pilatos.
La primera llamada en la calle la realizó el antiguo hermano mayor de la cofradía, Carlos Noguera, que deseó de corazón a los cargadores una feliz estación de penitencia.
Con una levantá al cielo, la banda de cornetas y tambores de Nuestra Señora del Rosario interpretaba la marcha Sentencia de Cristo. Los primeros aplausos inundaban el lugar que, poco a poco, abandonaba el misterio camino de la plaza de las canastas.
Tras la banda comenzaban a salir los tramos de penitentes de la Virgen, en los que se podía contemplar un nutrido grupo de hermanas vestidas de mantillas, algo muy peculiar en el Miércoles Santo gaditano, y más aún en la cofradía de Sentencia. El cuerpo de acólitos, abría paso al palio de la Virgen del Buen Fin. Juan Manzano y sus auxiliares mandaban atentos la maniobra de salida, igual de dificultosa que el misterio.
El himno nacional, anunciaba la salida de la Dolorosa, y, a continuación, la banda de Pedro Álvarez Hidalgo de Puerto Real, interpretaba la marcha Esperanza de Triana Coronada, con la que el palio daba sus primeros pasos, camino de la Santa Iglesia Catedral.
A las siete y media de la tarde, con gran puntualidad, el misterio de la Sentencia llegaba a la plaza de la Catedral, donde el público que llenaba la plaza aplaudía el magnífico trabajo de la cuadrilla de cargadores durante la subida por la rampa de acceso a la Iglesia Mayor de la Diócesis. Mientras la Virgen de Buen Fin, transitaba por la plaza de San Juan de Dios, el sol se reflejaba en la orfebrería en plata y oro del paso de palio, mientras los cargadores de la Asociación de la Amargura, lentamente se adentraban en la calle Pelota.
El discurrir de la cofradía por nuestra calles fue rápido, ya que la intención del hermano mayor, Miguel Ángel Peñalver, era llegar cuanto antes al barrio de Santa María para estar cerca de la parroquia de la Merced en caso de que apareciera la lluvia.
La anécdota de la tarde, la protagonizó un hermano de fila de la cofradía, cuando un ciudadano sufría un desvanecimiento, en los alrededores de San Juan de Dios y tuvo que ser atendido por este cofrade de profesión médico. Tras prestar auxilio volvió a ocupar su lugar en el cortejo par continuar su estación de penitencia.
FUENTE: LA VOZ DIGITAL
Comentarios