viernes, 06 de abril de 2007
Por INRI_GADITANO a las 23:59 | Cofradias de Penitencia
El tiempo jugo una mala pasada a la cofradía cuando discurría por el barrio de Santa Maria y tuvo que refugiarse en Catedral y regresar por el camino más corto a San Severiano
Llego el gran día de la Semana Santa de Cádiz. El Jueves Santo fue el inicio de la etapa maratón de los desfiles procesionales en nuestra ciudad, que se prolongaron hasta bien entrada la mañana del Viernes Santo.
Es sin duda un día especial para los ciudadanos de extramuros, donde radica la Cofradía de la Oración en el Huerto, única que atraviesa las Puertas de Tierra, que es fiel testigo de la importante devoción cofrade que existe en el barrio de San Severiano.
Desde muy tempranas horas de la tarde, los hermanos nazarenos iban adentrándose por la puerta trasera en el patio interior de la iglesia de San Severiano, para comenzar a formar las filas del cortejo procesional. Los diputados de tramos iban nombrando a los distintos hermanos y entregándoles sus respectivos cirios, mientras tanto las cuadrillas de cargadores en los salones parroquiales iban preparándose repartiendo la faena y tallando las cuatro trabajaderas.
El hermano mayor Fernando Reyna Espigares, organizaba, junto con el resto de su junta de gobierno, los tramos de penitentes de capas moradas en el Cristo y verdes en la Virgen. Algunos cargadores se adentraban en la capilla para realizar sus últimos rezos.
Sol a la salida
En el exterior de las puertas de la capilla, un público numeroso se aglutinaba para presenciar la salida de la cofradía que realiza el recorrido más largo de la Semana Santa. El sol brillaba en todo lo alto y con un cielo azul, la tarde no presentaba, a esa hora, grandes dificultades en cuanto a la meteorología se refiere.
A las seis menos y cuarto de la tarde se procedía a abrir las puertas de la capilla, y algunos hermanos colocaban la rampa de salida que facilitaría a los cargadores la maniobra de salida. La cruz de guía con dos faroles se abría paso por la calle Tolosa Latour, dando paso a los hermanos de fila con cirios. En el cortejo se podían contemplar representaciones, entre las que se encontraban las del Ayuntamiento y una de las Siete Palabras, cofradía que radicaba en la Iglesia de San Severiano.
A las seis y diez minutos de la tarde, el paso de misterio del señor Orando en el Huerto, iniciaba su salida comandado por José González Porcel, antiguo capataz del Cristo y padre del actual capataz José Luís González Murillo. A paso lento, la agrupación musical Hermanos Cirineos interpretaba el himno nacional. Ya en la calle, la cuadrilla de cargadores paraba el paso pero sin bajarlo y realizaban una serie de rezos en memoria de los hermanos fallecidos de la cofradía y que los tendrían presentes durante todo el recorrido procesional.
Al compás de la marcha Rocío del Cielo, el misterio avanzaba de frente hasta la plaza de San Severiano, el sol comenzaba a desplegar sus primeros rayos sobre la sagrada imagen. Una saeta interpretada por Carmen Campos a pie de calle hacía latente el sentimiento hecho plegaria. Tras el paso se podía contemplar un nutrido grupo de tramos de penitencia, que ataviado de luto y con un cirio acompañarían al Señor de Extramuros.
A las seis y diez comenzaban a salir los tramos de penitentes de la Virgen de Gracia y Esperanza, que darían paso al grupo de acólitos que preceden al paso de palio. Nuevamente, José González tomaba el martillo y realizaba las mismas preces que anteriormente realizara con el misterio. Tras el himno nacional, la marcha Capataz Gaditano hacían brotar los aplausos del publico que sabía agradecer, de esa manera, el buen hacer de la cuadrilla de cargadores. Lentamente la Dolorosa se acercaba a las puertas del instituto hidrográfico, al son de la marcha Coronación cuando se podía contemplar a la largo de Acacias como el misterio se encontraba en todo lo alto de dicha calle.
Puertas de Tierra
En torno a las siete de la tarde, la cofradía se disponía a pasar por las Puertas de Tierra, produciéndose una de las imágenes más curiosas y peculiares de esta corporación, que, por el momento, es la única que atraviesa esta muralla milenaria. La entrada en el barrio de Santa Maria fue especialmente emocionante, donde sus vecinos demostraban el gran cariño que cada año profesan a sus pasos cuando discurren por sus calles. Fue entonces cuando el tiempo quiso ser testigo de dicho momento y comenzó a transformarse en un cielo gris y un fuerte viento de Poniente que hacía presagiar lo peor. Minutos después sería una realidad y la lluvia hizo acto de presencia.
Rápidamente y a paso horquilla, los pasos se disponían a llegar cuanto antes a la Santa Iglesia Catedral cuando la lluvia se hacía más insistente. Ya en el interior, y tras consultar los partes meteorológicos, decidían volver a la iglesia de San Severiano por el camino mas corto. A las diez menos veinte minutos de la noche el misterio se disponía a salir por la puerta principal, para proceder a bajar la rampa de acceso al templo catedralicio y a continuación sería el palio de Gracia y Esperanza quien abandonaría la plaza para poner rumbo a Extramuros.
FUENTE: LA VOZ DIGITAL
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