sábado, 07 de abril de 2007
Por INRI_GADITANO a las 0:07 | Cofradias de Penitencia
La hermandad que radica en San Lorenzo se vio sorprendida por el líquido cuando estaba dentro de la Catedral y tuvo que regresar apresuradamente a su templo
Hay tres Jueves al año que relucen más que el sol, y ayer fue uno de ellos donde todo Cádiz se echó a la calle para ver las procesiones.
Desde la iglesia de San Lorenzo como cada Jueves Santo volvió a salir la añeja hermandad de los Afligidos. Como siempre desde mucho tiempo antes las calles adyacentes al templo se encontraban repletas para presenciar un cortejo con un marcado tinte romántico. En la calle Sagasta se podían ver a los componentes de la agrupación musical Polillas que se refrescaban los labios ya cansados de toda la semana, además se notaba un poco de nerviosismo entre ellos ya que después de acompañar a los Afligidos debían seguir tocando en la sevillana localidad de La Algaba.
Poco a poco iban llegando los hermanos que en la calle Armengual aguardaban su entrada en el interior del templo. Dentro de la céntrica parroquia se estaban dando los últimos detalles, por ejemplo se podía observar como el vestidor Juan Carlos Romero ultimaba la colocación de la palma que muy acertadamente portaba la imagen del San Juan.
Los bancos se iban llenando poco a poco y el templo se inundó de las moradas túnicas recientemente estrenadas. Desde el apretado espacio que existe en el altar mayor, el secretario de la hermandad entonaba unas oraciones que eran seguidas por la mayoría de los hermanos, mientras de fondo se escuchaba la caída de varios cirios que portaban entre sus manos los penitentes más pequeños.
Tomó la palabra el director espiritual y párroco de San Lorenzo -La Pastora-, José Araujo y pidió que los hermanos tomaran conciencia del acto penitencial que iban a realizar. También se acordó de la delicada situación de la empresa Delphi.
En los salones parroquiales la cuadrilla perteneciente a la asociación Rubio del Aceite que es comandada por el veterano capataz José Julio Reyeros se preparaba y mentalizaba para la salida procesional, mientras los contraguías repartían la faena a los numerosos cargadores que lleva este paso.
A las siete y cinco, minutos antes de lo previsto, las puertas de la iglesia se abrieron para dar paso a la procesión, en la que se podía apreciar las representaciones del Ayuntamiento y de los Caballeros Hospitalarios. El cortejo se puso en la calle rápidamente y por eso el hermano mayor de la corporación Ramón Velázquez mostraba una cara repleta de felicidad.
Este cortejo representa una muestra sobresaliente de fervor mariano, donde se contempla el simpecado acompañado de una espada y una vela, en recuerdo al voto que la hermandad realizó a la Inmaculada Concepción de Maria, una de las muchas particularidades que presenta la procesión.
Tras una maniobra bien dirigida y realizada por los cargadores, el paso giró en la calle Sagasta y, tras el himno nacional, encaminó su marcha hacia la Santa Iglesia Catedral sonando las primeras notas musicales que la banda interpretaba. Como no podía ser de otra manera, se pudo oir una marcha clásica Salve Regina.
De manera brillante, el paso subía la calle aunque de fondo se podían observar unas nubes muy oscuras que comenzaban a intranquilizar al público que presenciaba la procesión.
El misterio de los Afligidos es un claro referente del esplendor cofradiero en Cádiz, con una estética añeja, exornado de un monte que quiere representar un jardín de rosas rojas y que lo completa un paso espectacular que recuerda y muestra el esplendor de épocas pasadas.
Ya en la plaza Catedral y tras entrar en el primer templo diocesano, la lluvia hizo acto de presencia. En ese momento, los miembros de la junta de gobierno encabezada por Ramón Velázquez se reunían para tomar una decisión. Los penitentes más jóvenes permanecían sentados en los asientos de la seo. Poco después se conocía que los rectores de la corporación de San Lorenzo habían decidido regresar a su templo por el camino más corto, es decir, el mismo que el de ida.
A las 21.45 horas, el paso salía por la puerta de Arquitecto Acero, sin música, aunque una vez que llegaron a la plaza de las Flores sí pudieron escucharse algunas marchas hasta su recogida en la calle Sagasta. Eso sí, el regreso, que duró 55 minutos, fue rápido y sin perder la compostura en ningún momento.
FUENTE: LA VOZ DIGITAL
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