domingo, 08 de abril de 2007

El frío sucede a la lluvia en la Madrugada

Por INRI_GADITANO a las 18:12 | Cofradias de Penitencia
Sanidad y Perdón salieron con retraso, pero se recogieron con adelanto Impresionó el manto de la Virgen del Rosario en sus Misterios Dolorosos

El frío sucedió a la lluvia en la gran madrugada gaditana. A las doce de la noche, hora oficial del inicio de los desfiles, el Nazareno aún no había abandonado la Santa Iglesia Catedral, por lo que Sanidad tuvo que retrasar su salida casi una hora. Lo mismo se puede decir de Descendimiento y Perdón. Curiosamente, pese a que el inicio de la estación de penitencia sufriese esa alteración, en la mayoría de los casos, los cortejos llegaron a sus templos cumpliendo el horario e incluso con adelanto. En el caso del Perdón, la recogida una hora antes se debió a un cambio de recorrido sobre la marcha, ya que se suprimió el tránsito de vuelta por el Pópulo y el Campo del Sur, para llegar al primer templo diocesano directamente por la calle Pelota.

Sanidad

La madrugada de 2007 quedará en la memoria de los hermanos de la Cofradía de Sanidad. Este año y como anécdota realizaron la salida procesional desde la Santa Iglesia Catedral. La jornada no comenzó como se esperaba, puesto que por la mañana la visita al templo para contemplar los pasos no fue posible, ya que se requería el pago de un ticket de cuatro euros para acceder a la Catedral. La lluvia que hizo acto de presencia en la tarde del Jueves Santo hacía presagiar lo peor, pero los partes meteorológicos eran favorables y se disponían a realizar la estación de penitencia.

El horario de salida tuvo que modificarse y atrasarse en una hora, debido a que la Cofradía del Nazareno, que postergó su salida un considerable tiempo, discurría por las calles de ciudad con una exagerada recreación. Tras pasar el Nazareno por la Catedral, los hermanos de fila iban ocupando los bancos, las puertas del primer templo de la diócesis se cerraban y las luces eran apagadas. Guillermo Domínguez Leonsegui dirigía desde el altar mayor, junto al hermano mayor José Ramón Zamora, el ejercicio de meditación anterior a la estación de penitencia. Posteriormente el fiscal procedía a nombrar uno por uno a todos los hermanos que acompañarían al Señor del Mayor Dolor y a Maria Santísima de la Salud.

Tras realizar la organización del cortejo, se procedía a abrir las puertas a la una en punto de la madrugada. En el exterior de la calle Arquitecto Acero se agolpaba una gran cantidad de público que no quería perderse una de las novedades de esta Semana Santa.

Las luces de las calles se encontraban totalmente apagadas, con lo que el recogimiento era aún mayor. Poco a poco el Señor del Mayor Dolor salía a la calle. Tras el Cristo, la Dolorosa de la Salud sobre los pies abandonaba el templo, brillantemente acompañada por la Banda Astigitana de Écija.

Tras atravesar el Campo del Sur, la cofradía se adentraba en el interior del barrio del Populo, para poner rombo de nuevo a la plaza de la Catedral camino de la Carrera Oficial.

A las seis de la mañana, con un ligero adelanto sobre el horario previsto, la hermandad se recogía en la Santa Iglesia Catedral tras haber dejando una excelente impronta de cortejo serio y con señorío. El acompañamiento musical, en este caso de la Banda Astigitana de Écija, todo un acierto, tanto por la acertada selección de las marchas, como por la magnífica interpretación.

Descendimiento

El Jueves Santo no había comenzado demasiado bien para las cofradías de la tarde. La lluvia había estropeado el inicio del día más esperado de la Semana Mayor. Las cofradías que tenían que salir en la madrugada aguardaban un parte meteorológico favorable. En San Lorenzo, a las 11.30, se reunía la junta de gobierno del Descendimiento para tomar una decisión en torno a la salida procesional. Finalmente, y ante la mejoría que experimentó la noche, la hermandad del veterano cofrade Manuel Luna optó por hacer su estación de penitencia.

A las doce de la madrugada del Viernes Santo se abrieron las puertas de la iglesia de Sagasta ante la expectación de la gente que en esos momentos se concentraba por las calles más cercanas. Una vez más la cofradía del Descendimiento fue un ejemplo de la seriedad y la sobriedad que requiere su desfile procesional.

De nuevo, la maniobra de salida fue llevada a cabo minuciosamente, poco a poco y con cuidado por las dimensiones de este espléndido paso que llevaba un discreto y elegante adorno floral. Con la cruz y las esquinas colocadas en plena calle empezó el caminar del misterio cuyo martillo llevaba este año José Joaquín Muriel. Tras atravesar solemnemente por Hospital de Mujeres la hermandad llegó hasta la calle Libertad, justo delante del Mercado de Abastos, zona en la que, desatendiendo las indicaciones, se encontraban aparcados numerosos coches. Sin embargo, el magnífico paso centró todas las atenciones mientras que los cargadores rezaban un Padrenuestro y sonaba la música de capilla. Más tarde, sin apuros, con la rigurosidad que le caracteriza y una vez que completó la carrera oficial, el Descendimiento puso camino a su templo de la calle Sagasta.

Medinaceli

Ninguna salida procesional despertaba este año tanto interés como la del Medinaceli. La hermandad había hecho de San Francisco su templo, y tan lejos de su sede, afrontaba la Semana Santa muy cómoda en su nueva iglesia. La lluvia también hizo que el hermano mayor de esta cofradía, Francisco Hernández, estuviera pendiente de los partes meteorológicos hasta que se inició la madrugada. Una vez conocidas las últimas previsiones quedaba claro que el Medinaceli estaría en las calles de Cádiz.

En la iglesia conventual de San Francisco todo estaba preparado y dispuesto para que la hermandad de Santa Cruz pudiera organizarse sin sufrir ningún tipo de contrariedad. En el patio del claustro se formó la nutrida penitencia que acompañaba al Cristo y también se ubicaron los cargadores. En el interior del templo se encontraban los penitentes. Con puntualidad, a las 2.00 de la madrugada, se abrió San Francisco para que empezaran a andar las primeras secciones de hermanos que acompañaban al Medinaceli. La céntrica plaza gaditana estaba llena como en sus mejores ocasiones. En la calle San Francisco la expectación también era máxima. Nadie quería perderse la salida del Medinaceli que, por primera vez en su historia, se producía desde un templo que no era el de Santa Cruz.

Entre los que acompañaron al Cristo se encontraba el franciscano José Luis Salido que quiso estar con esta cofradía durante su recorrido por las calles de la ciudad.

El respeto de la gente hacia esta imagen se hizo palpable de forma evidente. Este año, más que en otras ocasiones, todo quedaba en silencio mientras que pasaba el Cristo. María Santísima de la Trinidad le acompañaba en su caminar.

La hermandad llegaba a la Catedral según el horario previsto y casi cuando salía la Virgen del Rosario del Perdón. Medinaceli fue la última cofradía en pasar por la carrera oficial. Antes de las 6.00 de la mañana llegaba a la Plaza de Mina y después pasaba por el callejón del Tinte para dejar una de las estampas más bonitas de la madrugada del Viernes Santo. A la hora establecida hizo su entrada en San Francisco, de nuevo, ante un gran número de personas.

Tras esta salida, Francisco Hernández se mostraba tremendamente satisfecho y reconocía que «ha sido una maravilla. Ha sido una estación de penitencia muy buena. Había mucha gente en la recogida y se ha guardado mucho respeto. La experiencia de estar en San Francisco ha sido muy bonita. Nos sentimos muy acogidos», finalizaba.

Perdón

A las tres y cuarto de la madrugada del Viernes Santo, con 25 minutos de retraso sobre el horario previsto, la cofradía del Perdón ponía su cruz de guía en el cancel de la Catedral. Fuera aguardaba la Agrupación Musical Ecce-Mater, nacida de la escisión de Jácome, y que se estrenaba con la hermandad.

Al final de la todavía resbaladiza rampa por la lluvia, el capataz Adolfo Morera da la primera orden y el impresionante misterio inicia la maniobra de salida, gracias al esfuerzo de los 90 hombres que lo portaban. Delante del mismo figuraba el que fuera hermano mayor y en la actualidad concejal de Transportes del Ayuntamiento de Cádiz, Francisco Carnota, así como una representación de la hermandad del Prendimiento. En la Catedral se vivía otro momento histórico pues seguramente nadie hasta ese día había visto al Perdón iniciar su estación de penitencia desde la seo.

A las 03.20, suena la Marcha Real y el paso comienza a bajar la rampa. Morera sólo tiene palabras de ánimo para los suyos: «Bueno Pedro, muy suave los pies, eres el más grande David, que nunca se te olvide, ya está en la calle la mole de Cádiz». Los que se dejan el alma debajo del paso responden con «vivas».

De fondo se escucha la marcha Nazareno y Gitano y el misterio se encamina sin dar fondo hasta la confluencia de la plaza Pío XII con la calle Compañía. Espectacular el ambiente que se vivía en la plaza con mucho público expectante tras los malos presagios que se cernían sobre la madrugada.

Con la cruz de guía de Medinaceli llegando a la esquina de la calle Cobos, Juan Manuel Manzano, capataz de la Virgen del Rosario en sus Misterios Dolorosos, dirige la maniobra de salida desde la puerta principal de la Catedral. Pero, lógicamente, las miradas no se centraron en cómo salía el paso, sino en el manto que estrenaba la Dolorosa, una auténtica joya salida de las manos de Pepi López y su grupo de colaboradoras.

Suena la marcha Esperanza de Triana Coronada y las miradas siguen centrándose en el bordado del palio, en el acertado y colorido exorno floral y en la candelería que figuraba totalmente encendida. Primera levantá en la calle y Coronación de Manuel Marvizón para pasar por delante de la iglesia de Santiago, donde la Policía comenzaba a hacer la vista gorda y permitía que pequeños grupos se apostasen sentados de lante de los palcos.

La hermandad volvió a dar pública manifestación de fe. Destacó la acertada maniobra del misterio en la confluencia de Santiago y Candelaria, donde quedó patente lo mucho y bien que se trabaja en ese palo.

El palio entraba en esta plaza con la marcha Caridad del Guadalquivir, mientras el Cristo llegaba al Palillero a las cuatro y media. En la tribuna oficial se encontraban el presidente del Consejo Local de Hermandades y Cofradías, Rafael Corbacho, junto al vicepresidente de este organismo, Juan Luis Granado, el tesorero, Gabriel Parodi, el hermano mayor de las Angustias, Pablo Chaves, el párroco de la Palma, Rafael Fernández Aguilar y el concejal de Urbanismo, José Loaiza.

La Virgen llegaba hasta la calle Montañés con Pasan los campanilleros, una marcha muy acorde con su carácter y transitaba por esta vía con Madre de los Gitanos Coronada, para hacer su entrada en Palillero a las cinco de la madrugada con Candelaria de Marvizón. En la penitencia se advertía la presencia del popular Caña. Tras su paso, espantada general en este enclave emblemático de la carrera oficial. Fueron muy pocos los que esperaron a Medinaceli.

En la calle San Francisco, pese a que el cielo estaba despejado, la junta de gobierno decidió acortar el recorrido y suprimir la vuelta por el Pópulo y el Campo del Sur, mientras el Nazareno hacía su entrada en Santa María. De esta manera, se recogía con una hora de adelanto en la Catedral, para poner broche de manto de oro a la madrugada

FUENTE: DIARIO DE CADIZ

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